Una España estable y próspera interesa en Iberoamérica

Tomás Pablo R. - 6:24 - 28/12/2015
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    cumbre-iberoamericana-REUTERS.jpgMás de un millón de empleos de latinoamericanos y portugueses dependen de firmas españolas. Foto: Reuters

    Estamos en vísperas de adentrarnos en un nuevo año, 2016, y deseamos comenzar por referirnos a España, nación que dentro de la comunidad de Estados iberoamericanos ha sido fundamental para el crecimiento económico de casi todos sus miembros y que está en vías de designar a quien liderará el país en los años que se avecinan.

    Al comentar alguien podría acusarnos de injerencia, pero se equivocarían; en lo legal, este comentarista ostenta la doble nacionalidad y ha ejercido su derecho al voto. Lo que nos mueve es que España ha sido un ejemplo de pundonor para Latinoamérica; la llegada de sus empresas, esparcidas por todo el continente, nos ha permitido creer que los hispanoparlantes sí podemos soñar y actuar si nos lo proponemos transformando nuestras ideas en bienes y servicios de calidad que pueden ser comercializado en otros mercados de manera eficiente y competitiva. Antes pensábamos que lo bueno solo podía venir del mundo anglosajón y nipón. Hoy vemos que existen otras alternativas, entre las que sobresale la española. En los últimos tiempos, siguiendo esta huella, han nacido las multilatinas.

    Lo que sucede en España tiene una amplia repercusión en Iberoamérica y esta supera lo que cualquier español de a pie pueda pensar. Más un millón de puestos de trabajo directo de latinoamericanos y portugueses dependen del buen hacer de las compañías llegadas de la Península a establecerse entre nosotros y en buena hora lo hicieron. Hablamos de 5.000 filiales de firmas hispanas, a las que se deben añadir entidades locales creadas con capital mayoritario de ciudadanos o sociedades españolas.

    Destinos indisociables

    ¡Claro que nos interesa que a España le vaya bien! ¡Nos va mucho en ello! Sus gobernantes nos han abierto las puertas para que nuestras autoridades se sentaran a negociar pactos de toda índole con países repartidos por todo el mundo o con bloques económicos de indudable interés para nuestro desarrollo y progreso. La Unión Europea (UE) es un ejemplo claro de esto. Son cientos las empresas que vienen de otras partes de la UE, a través de sus filiales asentadas en España, a implantarse entre nosotros, trayendo conocimiento, tecnología, nuevas innovaciones, mejorando la gestión de nuestros recursos e, incuestionablemente, la calidad de vida de la población.

    Del mismo modo, nos han acercado a un Estado del bienestar, aún lejos de nuestras posibilidades pero que sabemos que existe. Si hacemos las cosas medianamente bien, podemos ser parte de él y tener acceso a las bondades del sistema.

    En estos últimos años han sido muchos los españoles que han venido a establecerse entre nosotros En la mayoría de los casos ha sido una bendición, su buena formación ha servido para conocer nuevas perspectivas de hacer las cosas y perfeccionar procesos utilizados hasta ahora. Se dice que la crisis los ha empujado a irse de España: no negamos que en algunos casos haya podido ser así, pero, con o sin crisis, el que no sale al exterior y toma contacto con otras culturas lo tendrá complicado si desea avanzar y hacerse un espacio en este planeta. Estamos convencidos de que cuando regresen aportarán nuevas experiencias y saberes. Asimismo, vemos a muchos latinoamericanos en España. Probablemente, la historia que hay detrás de cada uno de ellos sea dramática, pero no nos cabe ninguna duda de que han sido los mejores embajadores de que en una gran Iberoamérica la convivencia es posible y nos fortalece.

    Beneficios mutuos

    España y Portugal, ambos iberoamericanos, están hoy en el grupo de las naciones desarrolladas, las únicas que por ahora con mucho esfuerzo lo han conseguido y ya saben eso de que "lo importante no es llegar, sino mantenerse", y con sacrificio lo están logrando. Los latinoamericanos también queremos para nuestros habitantes mejores infraestructuras que nos aúpen a posiciones mejores, y eso lo hemos venido obteniendo con la venida de empresarios y emprendedores de muchos grandes países, y entre los que más descuellan figuran los arribados de España.

    La calidad, arrojo, atrevimiento y energía que han puesto las compañías venidas de todas las regiones españolas sin excepción al salir al exterior, llevando consigo lo mejor de cada lugar del que provienen, obligan a las autoridades políticas a actuar con igual altura de miras y no encerrarse en materias baladíes que no conducen a ninguna parte. Se debe mirar más allá de la punta de la nariz si se desea mantener un lugar entre los grandes, y España lo es: estos son los que van marcando la senda por donde discurre el porvenir.

    Como dijo el Rey Felipe VI en su último mensaje de Navidad, "la España actual es muy distinta de la España de los siglos que nos preceden gracias a una auténtica y generosa voluntad de entendimiento". Y esto es esencial.

    Tomás Pablo Roa es presidente ejecutivo de Wolf y Pablo Consultores, S. L.

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