Deuda externa de Chile, bien valorada en los mercados internacionales

Tomás Pablo R. - 10:40 - 29/02/2016
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    chile_santiago_luisdavilla.jpgLa deuda externa chilena representa el 60,9% del PIB nacional. | Luis Davilla

    Los riesgos de una recesión global parecen haberse atenuado, aunque hay que mantenerse atentos a lo que pueda venir.

    Uno de los asuntos que más preocupan son los aproximadamente 3,5 billones de dólares de deuda contraída en moneda estadounidense emitida por las empresas de los países emergentes desde 2010. El temor se funda en que se está frente a un dólar más fuerte y unos costes crecientes en los préstamos, lo cual podría conducir a un alto número de impagos.

    La actual situación de Chile -país emergente- es una de las más desahogadas de la región; su riesgo país y antecedentes crediticios le permiten acceder a financiación internacional en condiciones más ventajosas que muchas otras naciones en el mundo. Asimismo, Chile -no nos cansaremos de repetirlo- es una de las economías más abiertas del planeta, su integración al negocio global es cada vez más profunda e intensa. Igualmente, con los socios comerciales se han firmado infinidad de acuerdos, destacando los tratados de libre comercio, pactos de cooperación o tratados que evitan la doble tributación, por citar algunos. Las relaciones económico-mercantiles con más de 60 países esparcidos por todo el globo son bastante fluidas y atienden a los altibajos que se dan en los diversos lugares a donde se acude. 

    Con todo, ante este panorama de incertidumbre, Chile ha venido reduciendo la cadencia de su deuda externa al piso más bajo de estos últimos once años. Esto hay que entenderlo como una reacción al ambiente monetario menos propicio, en el que por ahora las inversiones disminuyen y con ello el apalancamiento requerido es menor, siendo esta la tónica de lo acontecido el pasado año 2015.

    En efecto, la deuda externa chilena -pública y privada- en cifras del Banco Central se situó el pasado año en los 147.900 millones de dólares, un 1,5% más que en 2014, y equivale a un 60,9% del PIB nacional.

    De este valor, el 79,6% (es decir, 117.763 millones) ha sido asumida por el sector privado; apenas creció un 0,6% en relación con 2014. En cuanto a la deuda del sector público (el 20,4% del total, 30.137 millones), esta experimentó una subida del 5,3%, empujada por el Gobierno y los bancos. Dato importante es la estructuración del vencimiento de las obligaciones asumidas: el 10,3% es de corto plazo y la de largo plazo representa el 89,7%.

    Preparado ante contratiempos

    La teoría señala como principal fundamento para que Administraciones, bancos y empresas suscriban una deuda en el exterior el hecho de que permite a quien la contrae atesorar los recursos propios, y los que recibe prestados puede dedicarlos a explotar, procesar o producir nuevos bienes y servicios. En el caso de Chile, dispone de dos fondos soberanos que en su conjunto alcanzan algo más de 22.000 millones de dólares; no utilizarlos se debe a que su misión principal es "contribuir a la equilibrio macroeconómico y a financiar ciertos pasivos contingentes". Aportan seguridad "al estabilizar el gasto social y la inversión pública a futuro".

    Dicho lo anterior, no está de más recordar que si los préstamos recibidos no son usados para aquello para lo cual fueron solicitados o se gestionan de manera poco eficiente, y cuando las circunstancias de devolución se endurecen (subida de tasas de interés; devaluación de la moneda local) pueden transformarse en una dificultad para el receptor.

    Las fuentes de procedencia de los flujos de divisa de Chile para hacer frente a los compromisos contraídos provienen de sus exportaciones netas de bienes y servicios, de la inversión extranjera y de nueva deuda externa. Su condición de economía a la que es posible acceder sin mayores trabas ha permitido a nacionales y extranjeros proyectar negocios e inversiones que han hecho posible el ingreso y salida de divisas. Con una mayor deuda externa y tipos de interés en ascenso, haría falta incrementar lo exportado o recibir mayores inversiones foráneas. De ser insuficientes habrá que recurrir a la deuda externa, de ahí la importancia de contar con facilidades de entrada a los mercados de deuda.

    Chile, país exportador por excelencia -agrícola, forestal, acuícola, pesca, manufacturas, minería, servicios, etc.- y una plataforma ideal para recibir inversionistas que desean establecer su hub regional, especialmente en Sudamérica, está en período de ajustes a una nueva realidad. Con un crecimiento en torno al 2%, está abocado a promover reformas que le permitan seguir avanzando, siendo la mejora de la productividad, la digitalización de organizaciones y corporaciones, la innovación y el emprendimientos los retos que le harán estar presentes con su oferta en los mercados de todo el orbe.

    Tomás Pablo Roa es presidente ejecutivo de Wolf y Pablo Consultores, S. L.
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