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La Semana Santa, una prueba más del arraigo español en Chile

Tomás Pablo R. - 5:28 - 11/04/2017
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    Se estima que dos tercios de la población chilena es católica. | Álex Zea

    En esta Semana Santa, quisiéramos enfocarnos en un aspecto diferente que suele acompañar el inicio de muchos procesos de internacionalización empresarial, especialmente relacionados con América Latina, y de modo particular con Chile. Nos referimos a la influencia habida y presente de sacerdotes y monjas españoles y europeos como promotores e impulsores de comercio o inversiones productivas en esta orilla del Pacífico.

    En nuestro trabajo diario -algo más de 30 años-, centrado en facilitar el acercamiento económico-comercial entre organizaciones públicas-privadas y empresas de España-Europa y Chile, es casi habitual encontrarnos con directivos de entidades, empresarios o miembros de sus equipos que solo disponen de referencias directas del país, generalmente positivas, a través de algún cura o religiosa. En algunos casos suelen ser familiares con una vida dilatada allí. Los chilenos les debemos muchísimo.

    Los primeros oficiantes llegaron a Chile a mediados del siglo XVI; eran mercedarios, a los que luego se sumaron dominicos, franciscanos y agustinos. Las órdenes femeninas desempeñan una extendida labor social tanto en la enseñanza como acogiendo a niñas huérfanas o a mujeres con problemas. Sobresalen agustinas, clarisas de Nuestra Señora de la Victoria, capuchinas, dominicas de Santa Rosa, carmelitas de San Rafael y la Compañía de María.

    El mensaje transmitido en estas fechas tan señaladas para el Occidente cristiano por frailes y hermanas en Chile y naciones del continente sitúa al ser humano como lo más valioso. Se afirma la importancia del crecimiento económico, pero el desarrollo obliga a ser algo mucho más integral, debe englobar a todos, ayudándolos a salir de condiciones menos favorecidas a situaciones que dispensen mínimos necesarios para vivir con dignidad. Los católicos viven la Semana Santa acompañando a Jesús con la oración de cada uno, se practica el arrepentimiento y se asumen algunos sacrificios. No se busca conmemorar con pena lo padecido por Cristo, sino comprender la razón de su muerte y resurrección.

    Dos tercios de la población

    La población católica de Chile se estima en dos tercios del total, aunque hay muchos no practicantes habituales. Las congregaciones religiosas proporcionan valiosos servicios sociales y apoyan de manera comprometida la mitigación de dolores padecido por las personas, cualquiera que sea su condición y naturaleza. Las Iglesias evangélicas -léase metodistas, pentecostales bautistas y algunas otras-, en su mayoría venidas de Estados Unidos, han crecido bastante en los últimos 40 años. Los protestantes disponen de un espacio más reducido. Las pocas Iglesias luteranas han sido creadas por inmigrantes alemanes.

    Los cristianos consideran a las sociedades mercantiles como instrumentos con objetivos económicos y sociales. A su vez, los económicos tienen una variante económica externa, atender a la sociedad entregándoles bienes y servicios. En lo económico interno es asistir a sus inversionistas, directivos y trabajadores, consiguiendo un valor agregado en lo ofrecido para ser distribuido como beneficio a los inversores y en salarios y prestaciones a los que laboran en ella. Los sociales, en su cara externa, invitan a la firma a implicarse en el adelanto de la sociedad en donde está establecida y en lo interno, en el avance humano de sus componentes.

    Chile tiene por ahora dos santos: Juana Enriqueta Josefina de los Sagrados Corazones, de la orden de las Carmelitas Descalzas, más conocida como Santa Teresa de Los Andes, y el sacerdote jesuita Alberto Hurtado. Ella fue canonizada el 21 de marzo de 1993, en tanto que el fundador del Hogar de Cristo recibió el mismo decreto papal el 23 de octubre de 2005. La Iglesia católica en Chile reconoce como ?propios? a 24 santos, beatos, venerables y siervos de Dios.

    En España, concretamente en Barcelona, la chilena Dorotea de Chopitea de Villota, casada muy joven con José María Serra Muñoz, también nacido en Chile, fue declarada venerable por el papa Juan Pablo II el 9 de junio de 1983, y su vida está en estudio para su próxima beatificación. Dorotea contribuyó a diversas obras asistenciales en Barcelona. También favoreció a la fundación de otras obras sociales de los Salesianos en Chile, en las ciudades de Santiago de Chile y Talca. En Barcelona financió la creación de las escuelas profesionales de Sarriá, el Colegio Salesiano de San José y otras instituciones devotas encaminadas a la educación y formación de jóvenes pobres. Contribuyó junto al padre Blas Cañas y el filántropo chileno Manuel Arriarán en la fundación de los colegios salesianos "Patrocinio de San José" y "María Auxiliadora" en Santiago de Chile. Su padre, Pedro Nicolás de Chopitea Aurrecoechea, era primo hermano de José Miguel Carrera, prócer chileno.

    Tomás Pablo Roa es presidente ejecutivo de Wolf y Pablo Consultores, S. L.

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