Chile: un mercado emergente de oportunidades

Rodolfo Nieto M. - 4:11 - 6/06/2013
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    Durante 2012 la inversión extranjera directa en Chile logró un récord al alcanzar un monto de 28.152 millones de dólares. Ante esta cifra, que implica un incremento del 62,7 por ciento en relación con el año anterior, nace la pregunta: ¿qué hace al país ser un foco de atracción para los inversores internacionales?

    La respuesta inicial podría venir dada por sus cifras del año pasado: crecimiento, 5,6 por ciento; inflación, 1,5 por ciento, y desempleo, 6,1 por ciento. Pero más allá de estos datos existen razones más profundas que han convertido a la economía chilena en una verdadera estrella entre los países emergentes.

    El primer fundamento es la disciplina fiscal, gracias a la cual se logró un superávit histórico en 2007, aunque no ha estado exenta de dificultades. Como en 2009, cuando la crisis mundial mermó los ingresos e implicó un crecimiento del gasto público en la forma de medidas de estímulo por 4.000 millones de dólares -uno de los mayores con relación al producto interior bruto, según observó el Fondo Monetario Internacional-.

    Asimismo, el país ha tenido un crecimiento sostenido. Entre 2004 y 2011 el PIB creció a una tasa promedio anual del 4,8 por ciento, y un 6 por ciento en 2011. Esto implica un PIB per cápita de 16.171 dólares; resultado de ello es que en enero de 2010 Chile fue el primer país suramericano en incorporarse como miembro a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

    A estos antecedentes se suman las notas otorgadas al país por las agencias de calificación, que lo consideran seguro y confiable para la realización de negocios: a marzo de 2012, Fitch (A+), Standard & Poor's (A+) y Moody's (Aa3).

    Así pues, el país tiene una economía que es considerada la más competitiva de Latinoamérica debido tanto a su crecimiento como a su apertura comercial, factores que lo han llevado a sobresalir a nivel internacional.

    Lo anterior se corrobora en el Informe Mundial de Competitividad de 2012, donde Chile se ubicó en el lugar 28 entre 59 países. Ubicación que le permite mantener el liderazgo en la región gracias a sus fortalezas en el flujo de inversiones foráneas, las finanzas públicas y su mercado laboral.

    Eficiencia gubernamental

    En este ranking el país obtiene sus mejores calificaciones en eficiencia gubernamental y desempeño económico, lo que lo catapulta al primer lugar entre los países de Latinoamérica e impulsa al puesto 18 entre las economías con una población menor a 20 millones de habitantes.

    Otro elemento clave es que, gracias a la apertura comercial, estabilidad, certeza jurídica y proyecciones de crecimiento, el país posee un ambiente de negocios atractivo y dinámico, lo que le ha llevado a ubicarse en el puesto número 20 entre las economías más llamativas para hacer negocios en el periodo 2010-2014, de acuerdo con Economist Intelligence Unit, encabezando a las economías de la región.

    Su nivel de apertura comercial, donde destacan los acuerdos y tratados de libre comercio con múltiples países -entre ellos Estados Unidos, China, Unión Europea, Australia, Centroamérica, Canadá, México, Perú y Turquía, más de 20 en total- hacen a Chile un buen lugar para hacer negocios, siendo uno de los 10 países más libres para las transacciones comerciales según el indicador de la Fundación Heritage y The Wall Street Journal.

    En el mismo sentido, sus condiciones son reveladas por el informe, publicado por el Banco Mundial, Haciendo negocios 2012. Allí el país se coloca en el lugar 39 de 183 países, lo que implica un avance de cuatro puestos en comparación con el estudio anterior, manteniendo su tendencia al alza de los últimos años. Este mismo estudio ubica la economía chilena 56 puestos más arriba del resto de América Latina.

    Chile también destaca por sus altos estándares de transparencia, respaldados por los indicadores que señalan la baja corrupción en el país, especialmente en el campo de las finanzas, gracias a los esfuerzos de mejora del Estado, centrados en la Administración Pública.

    Todas estas condiciones y procesos hacen de Chile un país más que atractivo para los inversores que buscan oportunidades de negocio.

    En este escenario existen algunos sectores que destacan por sus ventajas comparativas para la concreción de nuevas iniciativas, siendo la minería, servicios, energía e infraestructuras los más destacados de ellos.

    Un país minero

    La actividad minera en Chile es central; sólo basta con señalar que alrededor del 50 por ciento de las exportaciones del país corresponden a las ventas de cobre, con un monto cercano a los 55.000 millones de dólares, de acuerdo con la Sociedad Nacional de Minería.

    En este marco y en el horizonte de 2020, los proyectos previstos demandarán una inversión total de 100.000 millones de dólares, lo que genera un marco de oportunidades para las empresas que prestan servicios a este sector.

    Lo anterior en el escenario de un precio del cobre sobre los 3 dólares por libra y la necesaria aplicación de nuevas tecnologías con el fin de poder reducir costes y hacer más eficientes las labores de producción.

    Asimismo, el sector demanda altos niveles de capacitación de recursos humanos, abriéndose un nuevo nicho para las entidades que posean el know-how para poder proveer de técnicos y profesionales cualificados para hacer frente a los grandes desafíos de un sector del cual depende, en un alto porcentaje, el devenir de la economía chilena.

    Apuesta por las renovables

    Chile es un país energéticamente dependiente de las importaciones de petróleo y posee una matriz energética que necesita de una urgente diversificación, donde las energías renovables no convencionales (ERNC) tienen un espacio destacado, sobre todo dadas las condiciones naturales para el desarrollo de plantas solares, eólicas e hidroeléctricas. A ello se suma la iniciativa, impulsada por el Gobierno y apoyada por los parlamentarios, para estimular las ERNC, creando un marco que permita, por una parte, un mayor flujo de recursos hacia estas iniciativas y, por otra, una aprobación ágil y rápida de estos proyectos, considerados claves para el país.

    Otro elemento atractivo del sector es la necesidad de inversiones en generación y transmisión, uno de las principales dificultades para un país cuya demanda eléctrica crece dos puntos por encima del incremento anual del PIB, y que durante el pasado año requirió de licitaciones por un monto de 900 millones de dólares.

    El sector inmobiliario ha tenido un crecimiento ascendente durante los últimos años, lo que ha generado un escenario muy atractivo para los inversores, especialmente si se consideran los proyectos públicos que están en cartera.

    Según los datos de 2012 de la Cámara Chilena de la Construcción, Chile para ser un país desarrollado en 2018 requiere de inversiones en infraestructuras de uso público por un monto de 48.000 millones de dólares. Si se consideran los recursos que se destinan a este fin a nivel comunal y regional, se llegaría a un total aproximado de 65.000 millones de dólares.

    Al llevar a cabo el análisis de los recursos requeridos, éstos se dividen, por sectores, en los siguientes: electricidad, 13.257 millones de dólares; vialidad urbana, 1.721 millones; vialidad interurbana, 11.581 millones; infraestructuras hospitalarias y penitenciarias, 5.031 millones; aguas, 3.276 millones; infraestructuras portuarias, 1.754 millones, y aeropuertos, 1.070 millones de dólares.

    Servicios, foco para las pymes

    Chile, gracias a su apertura y estabilidad, ha ido transformándose en un polo empresarial y económico importante a nivel latinoamericano. Las grandes inversiones realizadas y la presencia de importantes empresas multinacionales abren otro foco atrayente para los inversores: los servicios.

    Es aquí donde se produce una enorme oportunidad de negocio para las pequeñas y medianas empresas con capacidad y conocimientos que permitan hacer más eficientes las inversiones en marcha. En especial, cuando se requiere de capacidad tecnológica y de innovación, tanto a nivel de procesos como de infraestructuras.

    Especial atención demandan las altamente competitivas áreas del agua, electricidad, telecomunicaciones, banca, energía, construcción e informática, donde la presencia de capitales hispanos es relevante.

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