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Patricio Aylwin: el presidente que lideró la transición de Chile a la democracia

Tomás Pablo R. - 5:14 - 25/04/2016
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    La gran tarea de Aylwin fue cimentar la reconciliación de la sociedad chilena. | Stringer/Reuters

    El pasado día 19 de abril fallecía a los 97 años de edad en la ciudad de Santiago Patricio Aylwin Azócar, el presidente de Chile (1990-1994) que lideró el proceso de transición que condujo al país a retomar, después de 17 años de interrupción, su larga tradición como una de las democracias más antiguas del mundo.

    Sin dudarlo, más allá de las legítimas posiciones políticas que cada uno pueda tener, la gran tarea del Gobierno del presidente Aylwin fue, dentro de un entorno de división difícil y complejo que se respiraba en esos años, dar pasos firmes y decididos por alcanzar una reconciliación estable y duradera entre todos los estamentos de la sociedad chilena, poniendo, con apoyo de todo el espectro político de la época, los cimientos sólidos y duraderos que lo hicieran posible.

    Aylwin impulsó asimismo la apertura económica y la reincorporación de Chile a la comunidad internacional, junto con la suscripción de los primeros tratados y acuerdos comerciales, que, con el correr del tiempo y de los diversos Gobiernos que lo sucedieron, han llevado a Chile a posiciones destacadas en el comercio y atracción de inversiones.

    Relación con España

    Uno de los primeros pactos suscrito fue con el Reino de España; el Tratado General de Cooperación y Amistad, y el Acuerdo Económico anejo al mismo, tuvo lugar el 19 de octubre de 1990 en Santiago.

    En su artículo primero, se fijan las líneas maestras que constituían el reflejo de las aspiraciones chilenas en ese momento; en ellas se reafirman los valores democráticos como algo esencial y que debe regir tanto al interior como en su vinculación con el exterior.

    Citamos parte del artículo primero: "las partes se comprometen a coordinar sus esfuerzos en el plano interno e internacional para promover la plena vigencia de los principios y objetivos siguientes:

    a) La libre determinación de los pueblos, la no intervención, la solución pacífica de las controversias, la igualdad jurídica de los Estados, la cooperación internacional para el desarrollo y la lucha por la paz y la seguridad internacionales.

    b) La defensa y respeto de los derechos humanos en el marco del Estado de derecho, garantía de la dignidad y seguridad de los ciudadanos.

    c) El apoyo a iniciativas para alcanzar una paz justa y duradera en toda América Latina, como factor imprescindible para consolidar la democracia y avanzar en su proceso de integración.

    d) La firme condena de toda forma de violencia, autoritarismo o intolerancia.

    e) El impulso al desarrollo económico y social, condición esencial para un correcto funcionamiento de un sistema democrático de libertades".

    En el Acuerdo Económico entre la República de Chile y el Reino de España, anejo al Tratado General de Cooperación y Amistad, se afirma como objetivos en la cláusula primera "establecer mecanismos que contribuyan a dinamizar y modernizar la economía de la República de Chile y a ampliar la cooperación económica y financiera entre ambos países, sin perjuicio de los compromisos internacionales adquiridos por cada uno de ellos".

    Se comprometen a movilizar créditos e inversiones españolas por una cifra de unos 2.000 millones de dólares, para lo que las partes se obligaban a fomentar el desarrollo de los sectores productivos y de servicios en Chile y a la presencia del empresariado español en dicho desarrollo, promoviendo asociaciones entre empresas españolas y chilenas. Además, acuerdan impulsar "proyectos de inversión y coinversión que permitan a ambos países desarrollar actividades prioritarias tendientes a situar a las industrias españolas y chilenas en un nivel tecnológicamente avanzado e internacionalmente competitivo". Hoy la empresa española lidera la inversión extranjera en Chile.

    El Gobierno del presidente Aylwin buscó, antes de nada, reasentar los valores democráticos ausentes. Para ello, tendió puentes entre todos los actores sociales y políticos de la sociedad de entonces, y estableció relaciones firmes con el extranjero que contribuyeran a esta prioridad. Al mismo tiempo, reconoció la necesidad de mantener una política económico-monetaria seria y que, a través de las primeras alianzas comerciales formalizadas -Venezuela, Bolivia, Ecuador- o este Tratado de Cooperación y Amistad y el anejo Económico con España, se potenciaran el comercio y la inversión, tan importantes en aquella época como hoy en día.

    Tomás Pablo Roa es presidente ejecutivo de Wolf y Pablo Consultores, S. L.

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