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El primer aniversario del estallido social en Chile se salda con saqueos, barricadas e iglesias quemadas tras una multitudinaria marcha

  • La manifestación pacífica dio paso a una noche de extrema violencia
  • Hay al menos 580 detenidos y un fallecido durante los enfrentamientos
  • En una semana se celebrará el esperado plebiscito constitucional

La céntrica Plaza Italia, en Santiago de Chile, se vio desbordada este domingo cuando decenas de miles de personas acudieron a conmemorar el primer aniversario de la ola de protestas que tuvieron lugar el año pasado contra el Gobierno de Sebastián Piñera y la desigualdad en una de las congregaciones más multitudinarias que se han dado en meses debido a la pandemia de coronavirus. La marcha ha terminado con saqueos, incendios en dos iglesias, disturbios, al menos 580 detenidos y un fallecido.

Desde temprana hora de la mañana cientos de personas se acercaron a este punto neurálgico de la capital y pasadas las 17:00 hora local ya eran varias las calles aledañas que estaban a rebosar, una estampa que recordó a la marcha del 25 de octubre del año pasado, la más grande de la historia reciente del país, con 1,2 millones de asistentes.

En un ambiente festivo, a diferencia de semanas anteriores, colectivos sociales, jóvenes y familias enteras, con niños y adultos mayores incluidos, blandían banderas y pancartas y clamaban la frase que se ha convertido en el lema de las revueltas: "¡Chile despertó!". "Me siento feliz y orgullosa de mi pueblo. No me esperaba tanta gente. No hay miedo, hay valor y fuerza", declaró la manifestante Maribel Sánchez.

"Hay un gran sentimiento de esperanza. A pesar de la pandemia, la gente sigue con ganas de luchar por sus derechos y cambiar este país", agregó a Efe la joven Jara Correa, mientras a su lado un grupo entonaba míticas canciones chilenas como "El derecho a vivir en paz", de Víctor Jara.

La concentración desbordó las previsiones de los organizadores, que no esperaban tanta gente por el miedo al coronavirus, que deja casi medio millón de infectados y más de 13,600 muertos desde inicios de marzo.

"No son 30 pesos, son 30 años"

Lo que empezó siendo un llamamiento de los estudiantes a colarse en el metro de Santiago para protestar contra el aumento de 800 a 830 pesos en la tarifa se convirtió en una revuelta sin parangón, la más grave desde el fin de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), con una treintena de muertos y miles de heridos.

"Hace un año Chile despertó de un largo letargo, los chicos dieron la cara, iniciaron la lucha, han sido muy valientes", aseguró el jubilado José Antonio García, visiblemente emocionado. "No son 30 pesos, son 30 años de abusos. El aumento del boleto fue la gota que colmó el vaso. El pueblo quiere derechos", agregó a Efe la universitaria Patricia Santamaría, que portaba una bandera de la etnia indígena mapuche y para quien el crecimiento económico que acumuló Chile desde el retorno a la democracia no permeó a la sociedad.

Cerca del mediodía miles de ciclistas irrumpieron en la rotonda, bautizada por los manifestantes como "Plaza Dignidad", con pancartas a favor de una nueva Constitución y pidiendo la salida del presidente chileno Sebastián Piñera.

Enfrentamientos, saqueos y quema de iglesias

La masiva concentración fue mayoritariamente pacífica, pero terminó con enfrentamientos entre manifestantes y policías en los alrededores de la plaza y una pelea entre ultras de fútbol de los equipos rivales Universidad de Chile y Colo Colo.

De este modo, la noche de extrema violencia se ha saldado con un muerto en un tiroteo y cerca de 580 detenidos, dos iglesias de la capital fueron quemadas y se registraron saqueos y barricadas por todo el país. En este sentido, el subsecretario de Interior, Juan Francisco Galli, informó de que una persona fue herida de bala en Pedro Aguirre Cerda, en la periferia de Santiago, durante un ataque a un vehículo policial y murió después en el hospital, un incidente que aún está "bajo investigación".

Dos iglesias del centro de Santiago de Chile fueron quemadas. El primer santuario en arder fue la iglesia San Francisco de Borja, usada regularmente por el cuerpo policial de Carabineros para ceremonias institucionales, y horas más tarde fue la iglesia de la Asunción, una de las más antiguas de la capital, con más de un siglo y medio de antigüedad.

Las imágenes de la cúpula de este último templo en llamas desplomándose, entre aplausos y vítores de un grupo de manifestantes, se viralizaron por las redes sociales y fueron replicadas por medios de todo el mundo.

Ambos templos se encuentran en los alrededores de Plaza Italia, el epicentro del llamado "estallido social" y que fue escenario de una de las concentraciones más masivas en lo que va de año.

En las cercanías de la rotonda, bautizada por los manifestantes como "Plaza Dignidad", fueron saqueados además varios comercios, entre ellos un supermercado de una cadena internacional, y también se registraron ataques de encapuchados a algunas comisarias de la periferia capitalina, como Puente Alto.

También se registraron barricadas y daños a medio centenar de vehículos policiales y un total de 116 agentes resultaron heridos, seis de ellos de gravedad, según el balance oficial. "No se puede ser ambiguo con esa violencia. Cuando se es ambiguo con la violencia, se permite que ésta sea usada como excusa para demandas legítimas", agregó el subsecretario Juan Francisco Galli.

Carabineros, que a diferencia de otras semanas estuvo la mayor parte del tiempo replegado, desplegó un amplio dispositivo de seguridad, que incluyó 40.000 agentes en todo el país, pues también hubo concentraciones en ciudades como Valparaíso, Viña del Mar, Antofagasta y Concepción.

La institución está en el punto de mira por su crudeza en la represión de las marchas y diversos organismos internacionales, como la ONU, la han acusado de haber cometido violaciones a los derechos humanos. Según el Ministerio Público, hay más de 4.600 causas abiertas contra las fuerzas de seguridad.

Plebiscito

Las concentraciones por el aniversario se celebran a una semana de que más de 14,5 millones de chilenos decidan en un histórico plebiscito si quieren reemplazar la actual Constitución, heredada de la dictadura y vista como el origen de las desigualdades que aquejan al país.

El plebiscito, que iba a celebrarse en abril pero fue aplazado por la pandemia, busca descomprimir la tensión en un país muy polarizado, que hasta el año pasado era considerado el más estable de Latinoamérica.

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