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La ópera chilena, junto a otras artes escénicas, también contribuyen al desarrollo del país

Tomás Pablo R. - 9:50 - 2/07/2018
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    El teatro La Fenice de Venecia acogerá pronto a la soprando chilena Cristina Gallardo-Domas. eE

    Chile cuenta hoy con más de una decena de cantantes líricos en Europa; unos estudian, otros se perfeccionan y dedican su energía y aptitudes a consagrarse.

    Entre los recintos que les dan cobijo figuran el Centro de Perfeccionamiento Plácido Domingo de Valencia, el Conservatorio del Liceo de Barcelona, el Teatro de La Scala de Milán, la Ópera de Viena, la State University of Music and the Performing Arts de Stuttgart o el Mozarteum de Salzburgo, todos referentes incuestionables de la lírica mundial.

    El vínculo de Chile con la ópera se remonta a los primeros años de su nacimiento como nación. La ópera y la zarzuela, según historiadores chilenos, eran eventos culturales europeos por excelencia en el siglo XIX, constituían una manera de aproximarse a la Europa de entonces, "de ser moderno, de civilizar las emociones y los gustos y de fomentar el desarrollo de estas naciones remotas".

    Crónicas de la época explican que "fortunas inmensas se derrocharon en traer compañías italianas de ópera que incluían orquesta, coros, trajes y decorados. No importaba el precio. Chile, que veía abrirse generosamente sus riquezas mineras, pagaba con largueza cuanto era necesario".

    Rondan la veintena los chilenos que han alcanzado la condición de celebridades a nivel global. Los más nombrados son: Pedro Navia, Sofía del Campo, Renato Zanelli, Carlo Morelli, Rayén Quitral, Ramón Vinay, Marta Rose, Verónica Villarroel y Cristina Gallardo-Domas.

    A modo de anécdota, Carlo Morelli cuando se retira monta una academia de canto en México: uno de sus alumnos más destacados fue Plácido Domingo. Quien esto escribe, siendo aún muy joven, tuvo el honor de asistir a la última función en el Teatro Municipal de Santiago de Ramón Vinay en 1969 y luego acompañarlo a las sureñas ciudades de Chillán y Concepción, donde interpretaba el papel de Otelo, el tercer acto donde se produce la muerte de Desdémona, obra maestra de Verdi. Los directores de orquesta más prestigiosos y la mayoría de los cantantes destacados del siglo XX lo consideran el más grande de los Otelos. Así lo señalaron Arturo Toscanini, Wilhelm Furtwängler, Carlos Kleiber, James Levine, Plácido Domingo, Renata Tebaldi y tantas otras figuras.

    Una de las divas más aplaudidas es Verónica Villarroel. Triunfó en las audiciones del Metropolitan de Nueva York. Más tarde, después de gloriosas apariciones en España, Francia, Italia y Alemania, cumple su sueño de presentarse en el Metropolitan Opera House. Su asociación con Plácido Domingo tuvo su clímax en Alemania, en Bonn, cuando interpretó el difícil rol de Cecilia en Il guarany, de Carlos Gómez. Esta grabación de audio constituyó un récord de ventas en todo el mundo. La otra soprano destacada, Cristina Gallardo-Domas, se convierte en la primera chilena en debutar en la Ópera Nacional de París, como Mimí, en La bohème de Puccini, éxito impresionante que repite muy pronto en el teatro La Fenice de Venecia. Ha recibido muchos los reconocimientos. Cuando se habla de España recuerda con cariño la nominación con su nombre del Aula Magna de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, tierra de Alfredo Kraus, y pasar a formar parte de la dirección del Campus de Excelencia y del Comité de Honor de esa universidad.

    La temporada de ópera 2018 en Santiago de Chile abre con el segundo título de la trilogía de Mozart/Da Ponte, Don Giovanni, con la régie de Pierre Constant. Le sigue el estreno mundial de El Cristo del Elqui, con música de Miguel Farías y libreto de Alberto Mayol sobre el trabajo de Hernán Rivera Letelier y pensada como un intento de representar la voz del desierto y la voz de las pampas nortinas.

    Seguidamente se da paso a Tosca, de Puccini. En esta oportunidad vuelve con la propuesta del aclamado Willy Decker y dirección musical de Konstantin Chudovsky. Otro estreno es Lulú, de Berg, bajo la batuta del maestro Juan Pablo Izquierdo, Director Emérito de la OFS y con régie de la brillante Mariame Clément. Regresa la invitación de Fabio Sparvoli de El barbero de Sevilla, de Rossini, bajo la conducción melódica del experto rossiniano José Miguel Pérez Sierra. Finaliza el ciclo lírico con la joya del bel canto romántico Norma, de Bellini, en una producción de Francesca Zambello, directora general y artística del Festival de Glimmerglass.

    ¿Por qué nos hemos referido a la ópera? Por dos simples razones. La primera, que las llamadas artes escénicas -la ópera, el teatro, la danza, el circo, el ballet, la filarmónica, los títeres o la narración oral- impulsan y activan la vida de las ciudades, despertando infinitas emociones. La segunda es que estas promueven y generan negocios directa o indirectamente, suman en la diversificación de los envíos al exterior y atraen turismo. Pensar en Chile va más allá de los recursos naturales, manufacturas o servicios tradicionales. También es arte, creatividad, ideas, fundamentales para un desarrollo equilibrado del país.

    Tomás Pablo Roa es presidente ejecutivo de Wolf y Pablo Consultores, S. L.

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