Economía

La economía chilena se resiente tras los desórdenes

  • Servicios, comercio e industria se vieron principalmente afectados
Imagen: Dreamstime.

Comienzan a conocerse las primeras cifras oficiales de lo que han significado para la economía chilena los actos de extrema violencia vividos hasta ahora.

El varapalo inicial vino con los datos del Indicador Mensual de Actividad Económica (Imacec), correspondiente a octubre –mes del inicio sorpresivo de los desórdenes–, entregados por el Banco Central de Chile. El PIB habría retrocedido un 3,4% en comparación con igual mes de 2018. 

¿Qué ha sucedido? Según el Banco, actividades como los servicios, comercio e industria manufacturera se vieron principalmente afectadas. Pongan atención a esto. En los servicios hubo derrumbes en transporte, educación, servicios empresariales, restaurantes y hoteles. El informe de la entidad señala que este mal resultado se vio compensado parcialmente por la construcción y la minería, la cual creció un 2%, en tanto que el desempeño no minero cayó un 4%, el mayor desde 1999. 

A su vez, el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) dio a conocer las ventas del comercio minorista a lo largo de Chile: medidas a precios constantes, se desplomaron 12,1% respecto a igual lapso del ciclo precedente, anotando su mayor caída desde que se tiene registro, es decir, desde 2006.

Esta brusca minoración se atribuye esencialmente a la estrenada baja de 39,3% en la comercialización de vehículos automotores livianos nuevos, en un contexto en que los consumidores han optado por postergar la compra de bienes que no sean de primera necesidad.

En los primeros diez meses las ventas minoristas acumularon un declive de 0,8%

Asimismo, hubo descenso del índice en vestuario, calzados y accesorios; y productos electrónicos, para el equipamiento del hogar y tecnológicos con retrocesos de 20,6% y 9,3%, respectivamente. De este modo en los primeros diez meses las ventas minoristas acumularon un declive de 0,8%. En tanto, las ventas de supermercados cayeron 1,9% en doce mensualidades, acumulando un incremento de 0,8% en este décimo intervalo de tiempo.

Más que una fotografía nítida tomada desde la economía, estos resultados parecieran ser un parte de guerra de los violentos disturbios esparcidos por la larga geografía chilena. 

Como reflexión digamos que, en cualquier país del planeta se ven protestas legítimas cada día, las hay de los asuntos más variopintos, pero el quehacer laboral general continúa su andar. Algunas veces causan demoras y molestias a los viandantes, si bien no suelen interferir de manera tan manifiesta como las jornadas vividas por estas fechas entre los chilenos. Asimismo, sus repercusiones son locales, generalmente no trasciende más allá del circulo de los directamente afectados, quizás consigan algún espacio en los medios de comunicación nacionales amparados en las consecuencias más inmediatas que pudieran afectar a terceros. 

En el caso chileno no hubo revueltas sociales que hicieran prever lo sucedido hasta hoy, los actos vandálicos organizados aparecieron de golpe y casi al mismo tiempo hubo grupos apoyando esto en Europa, sin que nadie supiera que estaba pasando. Sin ir más lejos, el pasado viernes 6 en una marcha por el clima en la COP25 en Madrid, España, se escucharon gritos contra las autoridades chilenas. ¿De verdad alguien puede creerse que lo ocurrido en Chile son agitaciones por demandas sociales? Para que quede claro, los chilenos saben que debe seguir habiendo mejoras sociales, así ha sido desde siempre. A medida que la economía comenzó a expandirse en los noventa han ido creciendo las ayudas; en este momento se están tramitando otras, todas muy merecidas y justas.

Un largo camino de éxito

Es bueno tener presente que el cambio experimentado por Chile en estos últimos 30 años puede calificarse de extraordinario. Se partió de niveles muy bajos en lo económico, tan es así que era casi imposible atender los requerimientos de miles de personas entonces; muchos debieron buscar suerte en el extranjero. Eso sí, todos, sin excepción, han puesto su grano de arena para liderar la región latinoamericana en el mejoramiento del bienestar como personas; demostrando que sí es posible con esfuerzo alcanzar cotas superiores de desarrollo. 

Hay personas a quienes les gusta rotular el camino andado por Chile como neoliberal. A otros les gusta pensar que se está más cerca de una socialdemocracia. En los inicios de los noventa se priorizó avanzar sin etiquetas, lo urgente era salir del subdesarrollo. La Constitución de 1980 ha sido modificada unas 20 veces. Ha habido 24 años de gobiernos de centro izquierda y 6 de centro derecha. Se ha apostado por una economía de mercado, bien regulada y abierta al mundo. 

Un hito. En 1995 el Índice de Desarrollo Humano (IDH) de Chile –que analiza la salud, la educación y los ingresos– lo situaba en el lugar 112 del orbe (0,727). En 2017 (0,843) estaba en el puesto 44. El IDH tiene en cuenta tres variables: "vida larga y saludable", "conocimientos y nivel de vida digno". Por lo tanto, influyen elementos como el hecho de que la esperanza de vida en Chile esté en 79,73 años, su tasa de mortalidad en el 6,16‰ y su renta per cápita. Esto lo emplaza como el primero en la región, y tiene la obligación de seguir mejorando en varios aspectos. 

Las previsiones del Informe de Política Monetaria (IPoM) de diciembre, son que la nación alcanzara un crecimiento de alrededor del 1% afectado por la crisis en el cuarto trimestre. Para el año 2020 se prevé que el PIB crezca de 0,5 a 1,5%, ritmo que se incrementaría de 2,5% a 3,5% en 2021.

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