Economía

Contexto macroeconómico y situación post covid-19 en los mercados

Foto: Archivo

No cabe duda de que la actividad económica a escala mundial está repuntando, lo cual es lo mínimo que cabría esperar tras un periodo en el que el 50 % de la población mundial estaba confinada y se explica por la demanda acumulada, la reconstitución de las existencias, las importantes tasas de ahorro y, por supuesto, la aplicación de políticas monetarias y fiscales de gran calado. A este respecto, Europa debería firmar un mejor desempeño del que suele registrar en términos relativos en una recuperación.

La pregunta es si la recuperación en forma de V se verá truncada y, en nuestra opinión, bien podría ser el caso.

La tasa de ahorro preventivo seguirá situándose en cotas elevadas como resultado de la histéresis y del aumento del desempleo. La reapertura de las economías no constituye un proceso lineal. El número de contagios a escala mundial sigue siendo elevado y seguramente retrasará el regreso a unos patrones de gasto normales.

Las tendencias deflacionistas previas a esta conmoción se verán acentuadas (los márgenes corporativos ya estaban presionados cuando nos adentramos en esta crisis y los niveles de endeudamiento ya eran muy elevados).

El gigante asiático

La forma de la recuperación en China confirma este pronóstico. Enseguida volveré a hablar del gigante asiático.

Es necesario implementar un nuevo paquete fiscal a corto plazo para evitar un precipicio presupuestario en el tercer trimestre.

Los mercados reaccionan a la ausencia de visibilidad a medio plazo acortando sus horizontes de inversión, lo que explica el énfasis en la recuperación inmediata y la recuperación de los títulos cíclicos, pero también la debilidad de los mercados.

El factor Trump

La convulsa situación en Estados Unidos, las próximas elecciones en el país y sus repercusiones en los mercados estadounidenses

La gestión de la conmoción de la covid-19, la crisis económica y los problemas raciales y de desigualdad constituyen obstáculos sumamente graves para el candidato presidencial Donald Trump. Sus posibilidades de ser reelegido han caído considerablemente desde abril. Según las encuestas actuales, el liderazgo de Joe Biden en los denominados "estados bisagra" conlleva que una victoria en Florida —o en otros dos estados de este tipo— le bastaría para ser elegido, mientras que Trump tendría que alzarse con la victoria en al menos cuatro estados bisagra.

Como siempre, la elección del presidente de EE. UU. puede tener diferentes repercusiones en función de los resultados en el Congreso. El cambio más llamativo en fechas recientes es la disminución de las probabilidades de que los republicanos logren una mayoría en el Senado. Con el respaldo absoluto de ambas Cámaras, la elección de Joe Biden implicaría un incremento significativo de la presión fiscal: el impuesto sobre la renta de las personas físicas aumentaría del 37 % al 39,6 % en el tramo más alto, el tipo impositivo progresivo del gravamen sobre las plusvalías pasaría del 28 % al 35 % y el impuesto de sociedades se incrementaría del 21 % al 28 %.

En promedio, creemos que el plan tributario de Biden revertiría en torno a la mitad de los recortes fiscales de Trump. No obstante, resulta probable que su elección también implique un incremento del gasto en infraestructuras, el mantenimiento de una política de línea dura con China —aunque no con Europa— y la adopción de medidas significativas en el plano medioambiental que contemplarían el regreso de EE. UU. al Acuerdo de París sobre el clima.

Uno de los riesgos económicos en EE. UU. podría ser que, a la luz de las incertidumbres, las pymes podrían optar por retrasar las contrataciones y las decisiones respecto de la inversión en inmovilizado.

El repunte de China en los próximos meses y sus repercusiones para la guerra comercial

Si bien China se está recuperando, lo está haciendo a un ritmo bastante lento, especialmente en el plano del consumo. Cabría afirmar que la recuperación está teniendo lugar en forma de V en los sectores de producción industrial, vivienda e infraestructuras, pero en forma de U en el ámbito de la inversión privada y en forma de L en el segmento del consumo.

China está estimulando su economía, pero las medidas adoptadas no tienen en absoluto la magnitud de las que el gigante asiático aplicó en 2009. Esta situación contrasta con la de las economías occidentales, que están efectuando unos esfuerzos de mucho mayor calado en comparación con los realizados en aquel entonces. Incluso "si el programa de estímulo de China resulta "tradicional" en la medida en que se centra en las infraestructuras, no tiene la envergadura suficiente como para evitar un incremento aún mayor del desempleo. La última medida del Banco Popular de China (PBoC) tiene un alcance mucho más limitado y no modifica nuestra opinión de que Pekín tendrá que adecuar su plan de estímulo a la "Fase 3" próximamente. Por ahora, el PBoC sigue resistiendo la presión bajista sobre el yen, lo que probablemente guarde relación con el riesgo de que se produzcan salidas de capitales desde Hong Kong.

La adopción de posturas más ideológicas por parte tanto de EE. UU. como de China constituiría un motivo de preocupación, así como que, en China, Xi Jinping se viese tentado a renunciar a su gestión macroeconómica en pro de alcanzar objetivos geopolíticos.

La zona euro

Por definición, toda crisis económica tiene un efecto desproporcionado en la situación crediticia de los países más débiles. Por tanto, hubo un riesgo real de que los diferenciales de la deuda pública de los países de la periferia europea se ampliaran paulatinamente ante el incremento de los temores acerca de una mayor divergencia en la evolución de las diferentes economías. Además, el Tribunal Constitucional alemán presionó considerablemente al Gobierno del país teutón para influir en la zona euro.

En caso de ser aprobado, el proyecto de presupuesto de la Comisión Europea constituiría el primer caso real de transferencia fiscal, circunstancia a la que no deberíamos restar importancia. No obstante, las condiciones y el calendario de implementación indican que, entretanto, el BCE deberá seguir realizando buena parte de los esfuerzos.

Qué podemos esperar de los bancos centrales durante los próximos meses

El BCE no tuvo más remedio que incrementar la envergadura y la duración del Programa de Compra de Emergencia Pandémica (PEPP, por sus siglas en inglés), medida ante la que los mercados se ajustaron con rapidez.

Puede que la Fed no esté aún lo suficientemente preparada para implementar el control de la curva de rendimientos y deberá adoptar medidas adicionales si sus previsiones económicas son correctas. Sin embargo, la pelota está ahora en el tejado del Congreso, que debe elaborar un nuevo paquete de medidas de estímulo fiscal para evitar un precipicio presupuestario en el tercer trimestre.

Por Didier Saint-Georges , managing director y miembro del Comité Estratégico de Inversiones de Carmignac.

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