Economía

Lluvias y nieve llegan a un Chile con la tasa de letalidad baja y una economía lista para despegar

  • El paro subió hasta el 11,2% en el trimestre que va de marzo a mayo
  • La tasa de letalidad en Chile (2,10%) es muy baja en términos europeos
Imagen: Dreamstime.
Madrid

Una de las mejores noticias de la última semana en Chile ha sido el regreso de las lluvias: junio fue el mes más lluvioso de los últimos 15 años en la Región Metropolitana, superó los 100 mm de precipitaciones, aunque el déficit acumulado está por sobre el 40% de un año normal.

Junio, julio y agosto suelen ser los meses cuando más llueve entre el norte chico y la Patagonia. Si estas se mantienen por sobre la media histórica, quizás se podría reducir o dejas atrás la sequía que acompaña al país desde hace tres lustros. Ni que decir de la nieve cubriendo los Andes de norte a sur.

En tanto esto tenía lugar en Chile, en la Unión Europea (UE), decidían a ciudadanos de qué países, además de los comunitarios, dejar entrar a su territorio, paliando de esta manera los destrozos económicos dejados por el covid-19 -de modo muy particular, en el turismo y la restauración, amén de otros tantos sectores.

Chile no quedó entre los elegidos. Quizás sea porque tiene una tasa de letalidad muy baja (2,10%), confrontada a las de Francia (17,96%), Reino Unido (15,5%), Francia (14,44%), Italia (14,44%), España (9,54%), Estados Unidos (4,61%), Alemania (4,31%). O porque solo tiene 253.343 sanados completamente equiparado a los 288.089 contagiados. O porque lleva realizados más de 1,2 millones de test, la cifra más alta de Latinoamérica con relación al número de sus habitantes.

Sinceramente, visto con ojos europeos no se entiende. Si atendemos a la inversión per cápita formalizada por empresas de la UE en América Latina, Chile se distingue ampliamente por sobre el resto, hablamos de más de 200.000 millones de dólares invertidos, la fuerza de trabajo de estas compañías supera el millón de individuos, un comercio fluido, plataforma para muchas compañías europeas hacia el resto del continente, una elevada lista de espera en los dos lados que necesita desplazarse para ir fortaleciendo la actividad y tomar decisiones in situ. La virtualidad ayuda y mucho, que en eso no les quepa ninguna duda, el día a día es manejable. Lo que se resiente son la implantación de instalaciones, compras valiosas, lo cual obliga al desplazamiento de profesionales expertos. El avance en nuevos proyectos requiere al final presencia real de los intervinientes. En sentido opuesto, hay inversiones chilenas en Europa y cada año se incrementan, España, Alemania o Bélgica son prueba de ello, y no solo turismo, cada vez en más negocios.

Es verdad que Chile cerró sus fronteras a ciudadanos provenientes de algunas naciones europeas el 17 de marzo pasado: la razón era impedir que los contagios siguieran disparándose. Hoy, europeos y chilenos tienen cifras bastante similares, han podido hacer frente a los retos derivados de esta epidemia que aún no concluye, pero el conocimiento acumulado permite poder compaginarlo con las secuelas perversas de esta tragedia: las sociales y las económicas.

Quien lo dudara en este momento puede estar seguro de que la humanidad entera es una aldea global, nos hemos ido relacionando unos con otros de miles maneras diferentes, la movilidad forma para inalienable de nuestro ser, las razones de la misma son infinitas, probablemente la mayoría todas atendibles. Volver a retomarla es un imperativo, las precauciones ya están acotadas, de seguro surgirán nuevas ideas y se eliminarán las innecesarias. Retardar los movimientos internacionales teniendo en cuenta lo que ya conocemos no tiene justificación. Comprendemos que se mantengan ciertas rutinas –aunque nos disgusten o molesten- hasta que la o las vacunas hagan su aparición.

Observando lo económico, nada que ya no supiéramos: altas cifras de desempleos en Europa y América, y contracción económica con guarismos que serían de escándalo si no estuviéramos inmersos en este fregado de insalubridad que nos acompaña.

Los contactos y traslados deben intensificarse, son parte importantísima de la solución. El mundo sigue girando

Adentrándonos en la economía chilena, con una cuarentena estricta en la Región Metropolitana, y algunas comunas en regiones, el porcentaje de quienes perdieron su empleo se empinó hasta un 11,2% en el trimestre marzo-mayo. Advirtiendo que en este cálculo está incluido marzo, en buena parte de esos días se trabajó. Eventualmente en la medición próxima abril-junio, la proporción podría subir hasta rondar el 15%. A esto el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) nos recuerda a los "ocupados ausentes", acogidos a la Ley de Protección del Empleo (parecido a los ERTE españoles), significan unos 735.000 empleos.

El crecimiento del Índice mensual de actividad económica (Imacec) de mayo cayó un 15,3%, valor congruente con la acentuación de las regulaciones de aislamiento ordenadas alrededor del día 15 de mayo, con un encierro general en el Gran Santiago y otras comunas.

Con todo lo malo, la minería exhibió un 1,2% superior al mes previo. El gran retroceso viene explicado sobre todo en las labores intensivas en mano de obra, léase, servicios, comercios (23,5%). El Índice de producción manufacturera (Ipman) cayó 13,3% en términos anuales (5,9% el mes previo). El Índice de producción de electricidad, gas y agua potable (Ipega) cayó 3,2% en mayo (-7,4% el mes anterior). En tanto, el Índice de producción industrial (IPI) registró una caída de 5,7% (-3,8% el mes anterior).

Definitivamente, Chile y el resto de naciones han entrado de lleno en la fase de poner la mirada en las derivaciones del engendro viral. Ya existen abundantes paliativos, el comercio y la inversión son vitales. No estamos pensando en aperturas a lo loco, simplemente, con todas las precauciones del caso, los contactos y traslados deben intensificarse, son parte importantísima de la solución. El mundo sigue girando.

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