Economía

Acuerdo Unión Europea-Chile: modernización ¿para cuándo?

  • Desde 2017 han tenido lugar diez rondas de negociación
Imagen: Dreamstime.
Madrid

España ha vuelto a demandar la formalización de los tres acuerdos que la Unión Europea (UE) tiene pendientes con países de América Latina: dos de modernización -Chile y México- y un tercero con Mercosur-Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay-. Lo ha hecho a través de su ministra de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, Arancha González Laya, en una reunión con sus homólogos europeos.

Hace casi dos meses fue el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, quien envió una carta a la jefa de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, con similares objetivos. La preocupación de unos pocos Estados de la Unión por acelerar los refrendos es contrarrestar la fuerte influencia que están ejerciendo en la región latinoamericana algunos países asiáticos y de manera especial China.

Las negociaciones para la actualización del vigente acuerdo Unión Europea-Chile comenzaron en 2017 bajo la presidencia de Michelle Bachelet. Desde entonces han tenido lugar diez rondas de negociación en las que el acercamiento y el intercambio de pareceres han sido la constante. La última reunión se celebró la primera semana de mayo. Las partes esperaban dejarlo concluido en el primer semestre de 2021, pero al parecer la UE tiene otros planes.

¿De qué se habló en estas rondas? En los grupos técnicos se han tratado materias "medioambientales, propiedad intelectual, barreras técnicas al comercio, acceso a mercados, aduanas y facilitación de comercio, reglas de origen, competencia, compras públicas, género y comercio, transparencia, servicios e inversiones entre otros".

La Unión Europea es hoy el tercer socio comercial de Chile y primer inversor extranjero (IED) en el país

El acuerdo de asociación entre Chile y la UE se suscribió la primera vez el 18 de noviembre de 2002 en Bruselas (Bélgica) y entró en vigor el 1 de febrero de 2003, bajo la presidencia de Ricardo Lagos. En su momento fue considerado uno de los primeros tratados de tercera generación rubricados por Chile. Contiene tres pilares: uno político, uno de cooperación y uno económico-comercial -que abarca, entre otras materias, comercio de bienes y de servicios, establecimiento de inversiones, propiedad intelectual, materias regulatorias, bienestar animal, defensa comercial y compras públicas-.

Asimismo, el acuerdo de asociación incorpora tres acuerdos adicionales: uno sobre medidas sanitarias y fitosanitarias y bienestar animal; otro sobre el comercio de vinos, y otro sobre el comercio de bebidas espirituosas y bebidas aromatizadas.

Confirmamos que en sus 18 años de vigencia los intercambios comerciales entre la UE y Chile se han duplicado, lo que deja a la Unión como el tercer socio comercial chileno y primer inversor extranjero (IED) en el país. Los inversores cuentan con empresas de todos los tamaños esparcidas a lo largo de los 4.300 kilómetros de territorio nacional. Además, aprovechando la condición de plataforma de cara al Asia-Pacífico han ampliado su presencia en la región.

Veamos cifras. Al inicio las compraventas alcanzaban algo más de 8.300 millones de dólares. A finales de 2019, sin embargo, superaban los 18.500 millones, es decir, el 13,2% de los intercambios de Chile con el mundo entero. En el primer año de pandemia, 2020, hubo una caída hasta los 15.493 millones. El intercambio comercial ha crecido a una tasa promedio anual de 5,2%. Las exportaciones han aumentado a una media de 4% y las importaciones un 6,4% en términos anualizados. La IED de la UE está en torno a los 70.000 millones de dólares y la chilena, subiendo en la UE.

Entonces, ¿por qué esperar si ya existe sintonía mutua? Alguien diría lo de siempre: cálculos y prioridades de los políticos. Circula la versión de que la UE habría priorizado para este año la finalización del acuerdo con Mercosur y México, dejando Chile para 2022.

Reconocemos que el PIB del Mercosur lo sitúa como la quinta economía mundial y que México el décimo país más poblado de la tierra. Lo curioso es que la UE no ve mayores problemas para cerrar con Chile, por lo que cualquiera esperaría agilidad, sobre todo en un ambiente de recuperación después de los estragos causados por el coronavirus en ambas orillas. Los tratados son motores de expansión económica, son instrumentos que, una vez logrados los propósitos por ambos partes, procedería legalizarlos.

Circula la versión de que la UE habría priorizado para este año la finalización del acuerdo con Mercosur y México, dejando Chile para 2022

A Chile le interesa y favorece que al fin la UE y Mercosur alcancen un entendimiento: cuanto más negocio se genere más actividad comercial directa e indirecta se produce entre los propios interesados y los vecinos próximos. Surgirán emprendimientos nuevos y muchos empleos, que es de lo que se trata. No obstante, habiendo informado el 28 de junio de 2019 de que, tras 20 años, el proceso negociador había concluido felizmente, ya han transcurrido dos sin que la firma se haya materializado. ¿Cuánto más hay que esperar?

México, gran país, fue el primero de Latinoamérica en firmar un acuerdo con la UE, en 1997, vigente desde el año 2000. Las fases negociadoras para mejorar el acuerdo original acabaron en abril de 2020. ¿Qué falta para su signatura y entrada en curso?

A un número estimable de países miembros de la UE les atrae más el Asia-Pacífico, lo que es muy legítimo. Hasta donde conocemos, el Parlamento Europeo ha ratificado acuerdos con Vietnam y China, este último para proteger más de 200 productos alimenticios. Existen conversaciones con Indonesia, Tailandia, Filipinas e India. En Oceanía, con Australia y Nueva Zelanda. Nuestro deseo es que fructifiquen y se sellen.

El rejuvenecimiento de los acuerdos de asociación de Chile, México y el acuerdo con Mercosur están a la espera de ser aprobados por el Consejo y el Parlamento Europeo y por los distintos parlamentos latinoamericanos. Ojalá las autoridades participantes pongan el interés que esto requiere, será bueno para las economías -léase comercio e inversiones- y el empleo.

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