Economía

Productividad, inversión y tecnologías, factores esenciales para el crecimiento de Iberoamérica

Fomentar la conexión entre empresa y universidad es vital para crecer a largo plazo

La actividad económica ha decrecido en gran parte de los países desarrollados y en los considerados emergentes; los efectos de esta desaceleración se extienden además a los países en vías de desarrollo, al ver limitadas sus exportaciones.

Por ello, uno de los principales desafíos que se le presenta al área económica de la mayor parte de los Gobiernos de la tierra es intentar recuperar la senda de crecimiento. Si este decae, se está afectando directamente a la calidad de vida de las personas, y los conflictos por la distribución de la renta aumentan. La falta de crecimiento hay que enfrentarla fomentando la inversión, introduciendo nuevas tecnologías y mejorando la productividad.

Chile, como otras tantas naciones iberoamericanas, necesita mejorar su actual rendimiento si desea continuar accediendo con sus productos al comercio internacional y mantenerse en él. En efecto, esto que parece fácil no lo es, pero es posible conseguirlo con gran esfuerzo a través de una formación de calidad del capital humano que sale al mercado, por lo que la educación es un factor relevante, como lo son las infraestructuras que se necesitan y por supuesto estar constantemente innovando.

Preparados para el cambio

Una gran porción de Iberoamérica forma parte de un ecosistema que está cambiando continuamente a una velocidad que es difícil de seguir sin estar preparados y atentos a los retos que cada día deben enfrentarse. Se sabe que la nueva era que se vive está caracterizada por una presencia cada vez más abundante de tecnologías de la información y la comunicación (TIC), lo que obliga a contar con talentos preparados y capaces para insertarse en estos entornos. Se ganará en competitividad siendo más productivo.

La situación actual abre espacios importantes para la inversión y el comercio sea nacional o extranjero, y levantar nuevas instalaciones y servicios que permitan el avance de nuevas zonas o la mejora de sectores que se han quedado desfasados se torna algo imprescindible. El acceso a nuevos saberes está sujeto a una instrucción de mayor nivel; permite a quienes se empapan de ella producir y transformar en mejores condiciones y crear nuevas ocupaciones hasta ahora desconocidas.

Igualmente, los que han optado por abrirse e integrarse con otros para intercambiar bienes, servicios y conocimiento, como es el caso de Chile, a través de la firma de 23 acuerdos comerciales con 61 países, podrán exportar productos innovadores a precios competitivos lo cual le generará ventajas importantes. 

Se debe aspirar a que el número de compañías que exportan de modo regular sea un objetivo-país: su aumento será un barómetro de la salud empresarial y competitividad nacional. Esta debe ser una meta ambiciosa, reflejo de la inserción internacional del territorio.

El tamaño importa

En la mayoría de las regiones que conforman Iberoamérica, hay una abundancia de microempresas, gran parte de las cuales son poco lucrativas y aún menos las que exportan. Esto incide directamente en la fabricación y, sobre todo, en la capacidad de innovación, asunto que vemos reflejado en los datos que nos llegan de registros de patentes. 

Revisar los marcos regulatorios vigentes debe considerarse una constante. Lo que fue efectivo en un momento hoy puede no serlo debido a las variaciones que introducen las tecnologías dominantes; de ahí que la eliminación de trabas legales y burocráticas sea ineludible para que las empresas puedan crecer y competir. La financiación es otro factor que debe estar disponible.

En un entorno en el que la enseñanza y la investigación son pilares básicos para que la producción tenga lugar, conseguir el acercamiento y conexión entre las empresas y la universidad es vital. Hablamos de lo urgente que es innovar de modo dinámico, esta aptitud está muy ligada a los centros de investigación de las casas de estudios. Por último, no menos importante es la estabilidad política e institucional, indispensable para que el crecimiento económico pueda darse; su ausencia provoca incertidumbre y rechazo a la idea de asumir riesgos, algo que, sin duda, afecta a la expansión nacional.

Iberoamérica debe apostar por la productividad sin dilaciones. No es una materia menor; por el contrario, intentarlo con denuedo es abrir la puerta al futuro y al bienestar de todos los que aquí habitamos.

Tomás Pablo Roa es presidente ejecutivo de Wolf y Pablo Consultores, S. L.

WhatsAppWhatsApp
FacebookFacebook
TwitterTwitter
Linkedinlinkedin
emailemail
imprimirprint
comentariosforum