Economía

América Latina: el desafío de crecer más allá de las 'commodities'

La desaceleración china obliga a repensar las estrategias comerciales y el modelo de crecimiento

Muchas de las naciones emergentes, entre ellas Chile, experimentan ritmos de crecimiento económico de entre el 2% y el 3%, situación que se considera propicia para acometer cambios que impulsen y favorezcan la productividad.

Países desarrollados, emergentes, en vías de desarrollo, el llamado tercer mundo deben volver a replantearse sus estrategias comerciales para mantener sus crecimientos. Es una condición indispensable para atender o mantener las mejoras sociales que reclaman sus respectivos habitantes, y que les posibilita disponer de una calidad de vida aceptable.

El mundo está a la búsqueda de nuevos modelos de relación comercial. El que nos acompañaba hasta ahora ha dejado de operar en los términos en que lo venía haciendo: liderado por la economía china, que hacía el papel de cabeza tractora de todo cuanto ocurría, generaba en multitud de territorios, principalmente emergentes y en vías de desarrollo, crecimientos que bien podrían calificarse de exuberantes, al superar fácilmente el 5% o 6%, inhibiendo de esta manera cualquier atisbo reformador.

No solo recursos naturales

Los chilenos son conscientes de las enormes oportunidades que ofrecen infinidad de sectores de la actividad económica del país. Ahí están las industrias agroalimentaria, pesquera, acuícola, forestal, manufacturera, oceánica, logística, turística, tecnológica; también salud, infraestructuras, energías renovables, servicios, solo por mencionar algunas. La minería misma debe ir mucho más allá de la simple extracción y transformaciones básicas de minerales para su venta y ahondar cada vez más en los procesos de añadir valor, empleando los últimos avances para que esto tenga lugar.

Igual cosa sucede en otros países de Iberoamérica. Disponen de toda clase de recursos, por lo que deberían ser capaces de proveer los medios necesarios a las personas que les faciliten su vida en sociedad. Para ello es fundamental continuar apoyando la mejora del capital humano disponible; no solo la calidad de su educación debe ser prioritaria, sino que es preciso también inculcar a sus jóvenes el valor del estudio durante toda la vida, sobre todo en aquello que les gusta: no cansarse de aprender en una época de continuo cambio como la que vivimos. No es una carga pesada, como algunos quieren hacer ver, y mientras más se sabe y se conoce mejor se siente uno consigo mismo.

Innovar y fomentar la I+D es esencial para ser más productivos. Las tecnologías se localizan en casi todos los procesos, estas permiten realizar investigaciones e innovaciones que hacen a empresas y países más competitivos. La ciencia es fuente de conocimiento, retrasarse es quedarse fuera de la ruta del crecimiento. Los que más invierten en estas áreas son los que más prosperan o se mantienen en los primeros lugares.

Chile: el ejemplo de la astronomía

Chile, gracias a sus condiciones favorables, se está transformando en una plataforma astronómica mundial: da cobijo a casi el 50% de las capacidades de observación óptica y radioastronómica y para 2020 este porcentaje subirá al 70%, lo que sin duda dará adelantos científicos de indudable valor generadores de riqueza presente y futura.

El país dispone ya de más de una centena de astrónomos y astrofísicos y un grupo importante está en fase de obtener doctorados. Igualmente, se cuenta con una ingeniería del altísimo nivel en óptica, robótica, electromecánica, ingeniería antisísmica, diseño, procesamiento y trasmisión de big data, entre otras. Puede ser considerado como un importante paso en dirección a la ya conocida como sociedad del conocimiento, a la cual deberán dirigirse las demás operaciones económicas en la medida en que a su alrededor cristalicen iniciativas derivadas del I+D+i.

Asimismo, la inversión en infraestructuras es vital para ir incorporando zonas apartadas del país al camino del progreso. No solo nos referimos a las viales, hablamos de puertos, aeropuertos, telecomunicaciones, salud, digitales, logística, etc., según las necesidades de cada lugar para que sus aportaciones puedan competir en mejores condiciones. 

Finalmente, si ha sido posible alcanzar un acuerdo como el Transpacífico (TPP), con Estados de distintos continentes, creemos que es extremadamente relevante profundizar en la Alianza del Pacífico, invitando a otros países a unirse y fortalecer una integración económica regional con reglas comunes en el que se promuevan los encadenamientos productivos y el comercio intrarregional. Seguro que esto nos llevará a que los bienes y servicios producidos dentro del bloque puedan ser exportados con garantías de un mayor éxito.

Tomás Pablo Roa es presidente ejecutivo de Wolf y Pablo Consultores, S. L.

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