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Chile se pone a prueba en los mercados internacionales

Tomás Pablo R. - 8:54 - 20/08/2018
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    A raíz de la expansión de las "cadenas globales de valor" hoy es posible elaborar la mayor parte de productos y servicios en infinidad de naciones y la exportación final se concreta desde una de estas.

    Un dato no menor: el 70% de los intercambios mercantiles en el mundo gravita en torno a los bienes intermedios (tecnologías, servicios y capitales empleados en la elaboración definitiva de la mercancía en un país específico). A la fecha actual el fraccionamiento de la producción es global; antes se hacía -por razones de cercanía- al interior de grupos regionales: Mercosur, Unión Europea, Nafta, Asean, etc.

    El resultado salta a la vista: hay caída en los costos en prácticamente todo; hablamos de mano de obra, energía, materias primas, comunicaciones, nuevas infraestructuras por doquier, etc., lo que hace beneficioso y rentable fraccionar las diversas tareas en aquellos lugares con costos más asequibles. En un plano general, se consigue una progresión en la renta de los territorios menos avanzados, se reducen los movimientos migratorios y se logra que los artículos acabados tengan precios inferiores.

    En un enclave exportador como lo es Chile, las importaciones de elementos imprescindibles para la confección de existencias son tan trascendentales como las propias exportaciones de unidades intermedias y finalizadas; unas y otras inciden positivamente en el empleo y el crecimiento nacional.

    Dicho de otra manera: para saber exportar también se debe saber importar. Los estudiosos de estas materias nos señalan que en 1990 el contenido de piezas y partes importadas en el producto final exportado era del 20%; en 2010, del 40%, y en 2030 será del 60%.

    Intentar establecer regulaciones de corte proteccionista -por ejemplo, aumentando aranceles para proteger empleos locales- tiene efectos negativos sobre el empleo y especialmente sobre las remesas, al encarecer los envíos y servicios y no poder competir con otros países.

    Igualmente, los servicios adquieren tanta jerarquía como los tangibles, al crecer más rápidamente los procesos de I+D, IT, ensamblado, control de calidad, factoring, marca, marketing, distribución, financiación y servicio posventa, que el resto.

    Objetivo, la competitividad

    Chile debería añadir a su larga lista de ventajas el proporcionar soluciones estratégicas que ayuden a reducir costos sin perder competitividad, por su condición de tierra distante de los grandes espacios donde abundan las transacciones en el mapa.

    Vean si no. El asociado primordial de los chilenos en temas de comercialización es China: concentra un 26% de las compraventas. Lo increíble de este fuerte vínculo es que el pueblo chino se encuentra exactamente en las antípodas chilenas. Le siguen Estados Unidos, con un 16,2%, y la Unión Europea con una participación de 13,8%. Latinoamérica -léase, Mercosur, Alianza del Pacífico, Ecuador y Bolivia- representa un 19% del total. Muchas de estas plazas están a bastantes días o semanas de navegación.

    Ante esta situación, quien se plantea la posibilidad de vender fuera de sus fronteras en mercados alejados, está obligado a ser competitivo; esto significa estar atento a todos los procesos que intervienen en la fabricación del bien escogido. Sobresale por su papel transversal la logística tanto interna como externa; debe estar organizada al milímetro de principio a fin, ya que cualquier desvío puede incrementar innecesariamente los costos, afectando de lleno a la oferta a realizar.

    Al concluir, no podemos dejar de referirnos a los tratados de libre comercio (TLC) suscritos por Chile con 64 estados representativos del 86,3% del PIB mundial. Esto solo resuelve el lado de la ecuación que apuntaba a la condición previa de "pequeño mercado" atribuida a Chile. Los TLC lo corrigen y facilitan el acceso de sus expediciones en condiciones ventajosas a 4.800 millones de consumidores (el 64,1% del total). Podríamos afirmar sin sonrojarnos que, de cuantos existen, Chile es el mercado más extenso.

    Lo que los TLC no zanjan es la cuestión de "ser competitivos", tarea encomendada a cada empresario. No olvidamos que nos estamos moviendo en entornos mayormente abiertos e integrados; las respuestas pueden estar en cualquier rincón, el modelo de negocio es algo vivo, se va puliendo a cada momento atendiendo a las tecnologías e innovaciones que van surgiendo. A la Administración se le encomiendan las grandes infraestructuras físicas y tecnológicas que, junto con responder a demandas sociales, posibilitan la fabricación, traslados, llegadas y salidas de las mercancías producidas fuera y dentro del territorio patrio.

    Tomás Pablo Roa es presidente ejecutivo de Wolf y Pablo Consultores, S. L.

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