Economía

La deuda global de Chile equivale al 162% de su PIB

Evgeny Ivanov/Dreamstime.com

La deuda global de Chile equivale al 162% de su producto interno bruto (PIB), situándose a la cabeza de Latinoamérica y quinto entre las naciones emergentes, según el Fondo Monetario Internacional (FMI).

El reporte del FMI no da detalles; generaliza diciendo que, del total universal de deuda, aproximadamente dos tercios es privada, mientras el resto es pública. Por ello, para comprender un poco mejor la situación chilena es conveniente recurrir al último Informe de estabilidad financiera del Banco Central de Chile (BC), donde se apunta que "parte importante del crecimiento de la deuda de las empresas proviene del componente externo. Si bien esta dinámica podría ser una potencial fuente de vulnerabilidad, cabe recordar que una porción relevante de la deuda externa corporativa corresponde a préstamos asociados a inversión extranjera directa (IED). Así, al ser un compromiso entre empresas relacionadas, su exigibilidad y los cambios en las condiciones financieras de estas responden a elementos distintos que en el caso de la contraída, por ejemplo, con bancos".

Igualmente, al concluir el tercer trimestre de 2018, según el BC, "la deuda externa registró un crecimiento de 2.429 millones de dólares respecto del segundo cuarto del año, impulsado principalmente por el sector Bancos. Con ello, la deuda externa se situó en 180.447 millones de dólares a septiembre, lo que equivale a 63,6% del PIB. De esta cifra, 44,8% correspondió a pasivos de Empresas, incluidas las deudas con empresas relacionadas (IED), 9,7% a Bancos y 7,8% a Gobierno". 

Agregaba el BC que "los pagos programados para los próximos doce meses (deuda de corto plazo residual) sumaron 56.053 millones de dólares al cierre de septiembre. Tales pagos corresponden en su mayoría a compromisos con empresas relacionadas".

Asimismo, expertos opinan que, aunque los pasivos privados de empresas no financieras son elevados, cerca de la mitad se relaciona a IED a través de préstamos matriz-filial. De esta manera, sostienen, "este tipo de deuda ha explicado el incremento de la deuda corporativa en los últimos años y, por su naturaleza, se caracteriza por su bajo riesgo de refinanciamiento".

A nivel planetario el FMI señala que "la deuda global ha alcanzado un máximo histórico de 184 billones de dólares en términos nominales, el equivalente al 225% del PIB en 2017. En términos per cápita supera los 86.000 dólares, lo que es más de 2,5 veces el ingreso promedio per cápita".

Continúa el FMI: "Las economías más endeudadas del mundo son también las más ricas. Los tres principales prestatarios globales, Estados Unidos (mantiene adeudos correspondientes al 256% de su PIB), China (254%) y Japón (395%), representan más de la mitad del débito del orbe, superando su participación en la producción internacional".

Sobre las economías avanzadas -léase Alemania (171%), España (257%), Reino Unido (257%), Australia (238%), Canadá (304%), Francia (289%), Italia (246%), Bélgica (321%), entre otras-, el FMI afirma que "ha habido una reducción en la acumulación de cargas entre las economías avanzadas. La privada, si bien ligeramente en aumento, está muy por debajo de su nivel máximo. Además, la pública en las economías avanzadas experimentó una disminución saludable cercana al 2,5% del PIB en 2017. Para encontrar una reducción similar en la pública, debemos retroceder una década, cuando el crecimiento global fue aproximadamente 1% más alto que en la actualidad".

Sobre las economías de mercados emergentes -Brasil (153%), Argentina (78%), México (79%), Colombia (113%), Perú (25%) y la mayoría de naciones latinoamericanas y asiáticos-, dice el FMI que "continuaron tomando préstamos en 2017, aunque a un ritmo mucho más lento. Un cambio importante se produjo en China, donde el ritmo de la acumulación de obligaciones privadas, continúa siendo alto, se desaceleró significativamente", informa el FMI.

Y sobre las economías en desarrollo de bajos ingresos, el organismo internacional asegura que "la imposición pública siguió creciendo en 2017 y, en algunos casos, alcanzó cotas cercanas a las observadas cuando los países buscaron el alivio de la deuda". 

Se acaba subrayando que "en muchos Estados las condiciones financieras se han endurecido, esto incluye el aumento de las tasas de interés siguiendo la estela general, las perspectivas de reducir obligaciones contraídas se tornan inciertas".

Para concluir, es preciso advertir que la deuda, por sí misma, no es mala. Si está invertida en proyectos productivos, a la postre será la impulsora de crecimiento personal, empresarial, del propio territorio, o de oportunidades: estaríamos ante responsabilidades sanas en términos financieros y seguro será atendida. En el caso de Chile, exhibe una expansión en 2018 en torno al 4%. Tanto los actores privados como el área pública podrán cumplir con sus compromisos salvo imponderables.

Tomás Pablo Roa es presidente ejecutivo de Wolf y Pablo Consultores, S. L.
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