Mercados

Los inversores deben hacer frente a una incertidumbre extrema para capear este periodo con seguridad

Foto: Reuters/Archivo

A la hora de intentar mirar más allá del "ruido" a corto plazo, merece la pena abordar en profundidad dos aspectos de la tendencia que presenta el mercado: el primero es la dinámica interna de los mercados en este periodo volátil y el segundo, el grado de incertidumbre que debemos tener presente en calidad de inversores para capear este periodo de manera segura.

La realidad es que, a día de hoy, debemos mantener una gran lucidez respecto de lo que sabemos y lo que no en términos de coyuntura de mercado.

Intervención

Uno de los aspectos que conocemos es hasta qué punto las autoridades están tratando de ayudar. En efecto, el intervencionismo estatal ha vuelto a hacer acto de presencia. En EE. UU., gran parte de los estímulos fiscales terminarán a finales de julio, pero incluso en caso de que hubiese un prolongado tira y afloja entre los legisladores republicanos y los demócratas, no resulta descabellado asumir que alcanzarán un acuerdo sobre otro paquete de estímulos por valor de al menos un billón de dólares estadounidenses para no verse ante un precipicio presupuestario en agosto.

En Europa, las negociaciones sobre el plan de recuperación europeo serán tensas y la fijación de la proporción de subsidios y préstamos será objeto de un acalorado debate, pero en este caso también parece razonable dar por sentado que se formalizará un acuerdo. Entretanto, el BCE está realizando los esfuerzos más significativos. Por tanto, podemos efectivamente esperar que el apoyo de las autoridades se mantenga durante los próximos meses: esto es algo que todos sabemos. Incluso en China, el flujo de crédito está actualmente repuntando.

También sabemos que, hasta la fecha, los consumidores han reaccionado favorablemente a la reapertura de sus economías. Los indicadores de alta frecuencia, como aquellos proporcionados por las plataformas de Google o Apple, nos brindan una idea clara al respecto.

El dinamismo de EE. UU. ha resultado bastante impresionante. No cabe duda de que ello resulta sumamente alentador, al menos a corto plazo, y el mercado ha acogido con agrado estos positicos datos Lo mismo parece estar sucediendo en Europa, al menos hasta cierto punto.

Sin embargo, en paralelo, también sabemos que el virus sigue estando muy presente en EE. UU. El número de fallecimientos está decayendo con rapidez, pero las cifras de contagios siguen aumentando debido a varios focos especialmente activos en Texas, Florida y California, por lo que existe una posibilidad real de que asistamos a un efecto de retraso por el que el número de defunciones podría volver a incrementarse unas semanas después de la reapertura de la economía si las personas retoman rápidamente su vida social sin tomar las medidas de distanciamiento apropiadas. Obviamente, ello podría hacer descarrilar el dinamismo del consumo, si bien se trata de algo que no podremos saber hasta que transcurran varias semanas.

El aspecto clave que debemos tener en mente es que cuando los países asiáticos combatieron al virus del SARS en 2003 fueron capaces capaz de situar en cero la tasa de contagios antes de reabrir sus economías de tal forma que el sector privado pudiese volver a acelerarse inmediatamente una vez levantadas las medidas de confinamiento. En esta ocasión, dado que los Gobiernos reaccionaron inicialmente tarde a la pandemia, los confinamientos fueron mucho más prolongados y los costes económicos pasaron a ser tan ingentes que los Gobiernos de todo el mundo tuvieron que reabrir sus economías antes de reducir su tasa de contagios hasta cero. Por ende, o bien la recuperación podría verse limitada debido al temor aún generalizado de contraer el virus, o bien asistimos a una marcada recuperación del consumo, pero con unos riesgos posiblemente bastante elevados de que se produzca un rebrote.

Por cierto, cabe destacar que el comportamiento de los consumidores en China difiere bastante a día de hoy del observado en EE. UU. Las tendencias en determinados servicios relacionados con los consumidores, como el de ocupación hotelera y el flujo de pasajeros en el metro, muestran una evolución regular aunque bastante lenta, y no convergen realmente hacia los niveles registrados antes de la crisis. Además, el nivel de actividad en algunas de las actividades de tipo más industrial o en el sector de los bienes de consumo duraderos, que inicialmente protagonizó un repunte bastante significativo tras el confinamiento, ahora parece estar revirtiendo su tendencia.

Mercados

Desde el prisma de los mercados, también resulta interesante destacar que, incluso en EE. UU., si tomamos a día de hoy una cesta de valores típicos que se benefician de la reapertura de las economías y la comparamos con una cesta de títulos que sacan partido de las políticas de confinamiento derivadas de la covid-19, veremos que los primeros no registran ya rentabilidades inferiores, pero tampoco experimentan un gran repunte en términos relativos.

Por tanto, la realidad es que actualmente la visibilidad sigue siendo muy reducida. Los nuevos casos de coronavirus a escala mundial siguen aumentando a un ritmo de entre 100.000 a 200.000 casos nuevos al día, con países de gran envergadura como la India y Brasil que siguen siendo incapaces de controlar la situación. Ello se debe a que las pandemias revisten una gran complejidad y resulta muy difícil librarse de ellas cuando las sociedades tienen que encontrar el equilibrio entre un coste económico sumamente elevado a raíz de los confinamientos y el riesgo de un coste humano muy significativo.

Otra de las temáticas sobre la que tenemos escasa información es la manera en que evolucionará la situación política en EE. UU. en el periodo previo a los comicios en el país norteamericano. Según los mercados de apuestas, no solo Joe Biden es ya el favorito para alzarse con la victoria, sino que incluso las posibilidades de que los republicanos mantengan su mayoría en el Senado han caído drásticamente. Por tanto, la posibilidad de que los demócratas obtengan una victoria contundente ha pasado a ser muy real. En caso de que así fuese, no cabe duda de que la subida de impuestos lastraría los beneficios empresariales y, probablemente, la inversión en inmovilizado. No obstante, aún faltan casi cinco meses para las elecciones, por lo que sencillamente no podemos saberlo. El futuro a corto plazo podría volver a estar más caracterizado por la adopción de una postura de línea dura por parte de Donald Trump respecto de sus socios comerciales si considera que esta estrategia podría redundar en su beneficio en términos políticos. Una vez más, nos hallamos ante una incertidumbre extrema.

Debemos ser conscientes de esta amplia falta de visibilidad para evitar realizar previsiones con pies de barro, y ello constituye un fundamento adicional de nuestra estrategia de inversión. En esencia, la idea es ceñirnos a nuestras convicciones; es decir, en el plano de la renta variable, nos centramos en las empresas de crecimiento de elevada calidad que han demostrado resiliencia en sus modelos de negocio y en los productores de oro para abordar el riesgo macroeconómico mundial. En el plano de la renta fija, adoptamos un sesgo más europeo e invertimos tanto en deuda corporativa como en deuda pública periférica, lo que nos permite captar el apoyo político que brinda la homogeneidad sin precedentes de los mensajes transmitidos hoy por Christine Lagarde, Ursula von der Leyen y Angela Merkel.

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