Politica

Chile, es hora de hacer política con mayúscula

  • Chile se juega su futuro de nación próspera y confiable y puerta de entrada a Latinoamérica.
Chile goza de una excelente imagen, es habitual distinguirlo en las listas cortas de inversores, cualquier sea el tamaño de los proyectos
Madrid

Hubo importantes movimientos con el cambio de Ministros efectuado por el Presidente chileno, principalmente afectó a las carteras consideradas políticas, de las cuales se espera surjan los entendimientos inexcusables al interior del poder Ejecutivo y entre este y el Legislativo.

Chile precisa fortalecer una de sus características que lo hacen ser un territorio amable, estable, atractivo y sólido a sus propios habitantes, turistas, exportadores-importadores, inversores e inmigrantes como son su respeto al Estado de Derecho y el mantenimiento del orden público.

La transición chilena a la democracia comenzó en 1989, desde entonces hasta ahora ha habido 24 años de gobiernos de centro izquierda y 6 de centro de derecha, ninguno ha sido capaz de poner fin al violentismo subversivo de unos pocos, contando con los respaldos jurídicos que les otorga la legislación vigente y materiales para acabar con esta lacra que han costado vidas y patrimonio a personas inocentes.

Algunos fallos no enmendados. No obstante, contar con suficientes recursos para disponer de una educación pública de buen nivel junto a un profesorado da calidad, se sigue anclado en el siglo XX con profesores y estudiantes que no evolucionan hacia los desafíos que les deparara el futuro al que deberán integrarse. Suscribo el ejemplo finlandés, con profesores bien formados y remunerados, a los que se les exija formación de calidad y entrega, que guíen al alumnado según capacidades a acceder a una formación técnica o profesional, ambas indispensable para un desarrollo equilibrado de la sociedad.

Otro hecho luctuoso es el de la droga, algo impensable hace treinta o más años, hoy campea por los diversos estratos de la sociedad. En alguna época pretérita se decía que Chile era lugar de tránsito hacia países desarrollados, encontrarla, si la había, estaba al alcance de muy pocos por su costo. Ahora adquirirla es fácil, al sorprendido infraganti delinquiendo se le detiene y al poco vuelve a la calle a lo mismo.

Recuperación de los puestos de trabajo

Pero los compromisos no acaban aquí para los que entran y los que permanecen. Al igual como acontece en medio mundo, uno de los desafíos urgente por resolver es afrontar la recuperación de los puestos de trabajo perdidos a consecuencia de la pandemia. El desempleo alcanzó en el trimestre mayo-junio el 12,2%, cifra muy alta si la comparamos al 7% con el que concluyó 2019, guarismo al que se llegó a resultas de la violencia destructiva ejercida en acciones vandálicas no vistas desde hacía décadas, terrorismo aparte que campea a sus anchas en la región de La Araucanía.

Chile alcanzó la condición de emergente de ingresos altos a través de acuerdos continuos y permanentes entre autoridades de gobiernos y cargos electos de las diversas colectividades con representación parlamentaria.  Esto se ha perdido. Los populismos de izquierda, centro y derecha, están haciéndose con puestos de liderazgo que solo pueden traer desorden, miseria, inequidades y pobreza. Cuento aparte son los que ejercen la violencia, mal llamada social, en las que se refugian, delincuentes, lumpen, narcos, de la que buscan sacar renta los populistas situados en segunda fila.

Cualquier que visita Chile, sabe que no está en un paraíso fiscal, que existe una legislación moderna con un sistema de libre mercado cada vez más regulado muy semejante al de economías avanzadas y la dirigencia está muy atenta a los excesos vengan de donde vengan.

Mirado de fuera, Chile, goza de una excelente imagen, es habitual distinguirlo en las "short list" (listas cortas) de inversores, cualquier sea el tamaño de los proyectos. Como, también, en materias financieras, tal es así que desde hace un año Santiago es considerado un centro financiero, el Índice de Centros Financieros Globales (GFCI, por sus siglas en inglés), lo ratifica.

Dábamos cuenta hace unas semanas de inversiones extranjeras directas anunciadas por empresas nuevas y ampliaciones de otras ya en marcha en plena época de epidemia con cuarentena incluida. Más allá de los montos, esto es un reconocimiento a la calidad de su gente y de su economía: segura, honrada, abierta al mundo e integrada en él, han pasado 30 años para alcanzar este sitial.

Aquí van otras más recientes. Repsol, empresa del Ibex 35 español, alcanza acuerdo con el Grupo Ibereólica Renovables, entra a Chile a través de los proyectos que está ultima mantiene en el sector de las energías renovables. Están en operación, construcción o desarrollo, hablamos de más de 1.600 MW hasta el año 2025 y la posibilidad de superar, gracias a esta alianza, los 2.600 MW en 2030. Su ingreso se concretará a través de una ampliación de capital de 168 millones de euros, las regiones del norte, Antofagasta y Atacama, aparecen como las más favorecidas.

Siemens Gamesa Renewable Energy (SGRE) acaba de anunciar que ha recibido un pedido de 22 aerogeneradores de cinco megavatios (modelo SG 5.0-145) para el complejo eólico Cabo Leones. El contrato incluye también un servicio de mantenimiento durante 10 años, se encuentra en el desierto de Atacama. En el área minera, en evaluación ambiental sobresalen, Dominga, Los Bronces y Centinela, que en conjunto suman inversiones por 10 mil millones de dólares. 

Finalmente se debe reconocer el trabajo espectacular de gobierno-oposición durante años en la incorporación inversora y de negocios de los chilenos en Latinoamérica, a través de la Alianza del Pacífico y su apertura hacia el Mercosur. A escala global los acuerdos alcanzados con la Unión Europea, EFTA, OCDE, APEC, o CPTPP, Tratados Bilaterales, son paradigmas de logros impulsados mancomunadamente por actores de diferentes signos ideológicos de la política chilena.

El equipo político que se incorpora al gobierno actual lo hace con una carga muy pesada a la que ningún gobierno reciente ha querido enfrentar aplicando todo el peso y rigor de la ley que se necesita y que ya existe. Esto no es un problema de derechos humanos, estamos ante un grupo que persigue la deconstrucción del Estado de Derecho vía desorden público. Lo que Chile se juega es su futuro de nación próspera y confiable y puerta de entrada a Latinoamérica.

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