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Expresidente Lagos advierte del peligro de demasiadas expectativas por cambio constitucional

El expresidente chileno Ricardo Lagos responde a una pregunta durante una entrevista con Reuters en Santiago. 11 de noviembre de 2013. Foto: Reuters/Iván Alvarado/Archivo

Los chilenos podrán decidir el próximo domingo, en las urnas, si quieren una nueva Constitución política, un proceso visto como cierre definitivo a la dictadura militar, pero hay que tener cuidado con las altas expectativas debido a la crisis económica que dejó el coronavirus, dijo el expresidente Ricardo Lagos.

Socialista, figura clave de la oposición al régimen de Augusto Pinochet (1973-90) e impulsor de la última gran reforma a la Constitución de 1980, Lagos dice sin embargo entender las altas aspiraciones puestas en el plebiscito del 25 de octubre.

"Pueden haber muchas expectativas de que una constitución puede resolver muchos temas y eso no es así. Lo que resuelven esos temas son las políticas públicas", dijo el jueves en una entrevista con Reuters el expresidente, que gobernó Chile entre 2000-2006 y dejó el poder con una alta popularidad.

Impacto del coronavirus

La pandemia de coronavirus llegó a Chile en marzo y en agosto se inició un paulatino desconfinamiento, pero aún así los efectos en la economía serán duraderos, con una caída del PIB de un 5,5% según las previsiones del gobierno derechista de Sebastián Piñera.

La recuperación de la crisis, que elevó el desempleo a cifras históricas y dejó al descubierto la precariedad en que viven muchas familias chilenas que dependen de ingresos diarios, coincidirá con el proceso constitucional, que no durará menos de un año y medio, según Lagos.

"Hay una confluencia de factores donde, producto del coronavirus, hay más urgencia que en el pasado. Una cosa es el estallido social que se produce un año atrás, pero lo más importante es cómo compatibilizar el largo plazo que implica escribir una constitución con la urgencia de las demandas del coronavirus hoy".

El gobierno chileno ha destinado al menos 12.000 millones de dólares para enfrentar los efectos de la pandemia en la economía.

"La reactivación económica es la tarea número uno por delante", dijo Lagos. "Es la única forma de recuperar empleos, recuperar lo que hemos perdido, porque hemos perdido por lo menos todo lo que habíamos avanzado en los últimos 10 años".

El estallido

A un año del "estallido social", una ola de masivas protestas, a veces violentas, en que millones de chilenos salieron a las calles durante meses para exigir mejores servicios públicos, educación, pensiones, además de más "dignidad" y menos "desigualdad".

Las protestas dejaron una treintena de muertos y daños millonarios a la infraestructura. También golpearon la economía, que apenas se recuperaba cuando irrumpió la pandemia.

La demanda por una nueva constitución también se instaló a raíz de las movilizaciones, después que el gobierno acorralado por la magnitud de las protestas impulsó un acuerdo político para dar una salida institucional y canalizar el descontento con la labor de la clase política en los últimos 30 años.

Las protestas han resurgido en los últimos días.

Ruptura e inequidad

Lagos fue uno de los cuatro presidentes de centroizquierda que gobernaron Chile tras la caída de la dictadura y el primer socialista en llegar a La Moneda tras el derrocado Salvador Allende (1970-1973).

"Parte de lo que hay hoy es una ruptura entre la sociedad chilena y las instituciones del Estado. Hay una falta de confianza de la sociedad chilena con estas instituciones, la elite como se dice ahor"", plantea Lagos.

Y escribir una nueva constitución, además de terminar con el texto de la dictadura, "es el inicio de la recuperación de la confianza" por parte de los ciudadanos. "Y eso me parece a mí que es muy importante ahora".

Según el expresidente, de 82 años, la ruptura se produjo porque el avance económico y social de los chilenos en los últimos 30 años, tras la caída de la dictadura, "no se condijo" con la respuesta del Estado a una sociedad con más recursos y más exigente.

Desde el fin de la dictadura la pobreza cayó desde un 40% a 10% en Chile, pero el estallido social dejó claro que esa reducción por sí sola no fue suficiente.

"Una cosa es bajar la pobreza y otra cosa es satisfacer las demandas de aquéllos que dejaron la pobreza atrás", dijo Lagos.

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